La espiral del tiempo.

Así como el aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado del mundo, el tiempo viaja escapando de nuestro poder. Caprichoso e inevitable, se divierte en un vaivén de ciclos. Transitando épocas a veces más claras, otras veces quizás mas oscuras, va dejando huellas tras su paso.
Como la teoría el caos de Lorenz, el universo en el que vivimos se vuelve impredecible. Algo así, como un sistema caótico, pero flexible. Un espacio que nos regala por algunos momentos la sensación de control sobre nuestras vidas. Pero a costa de coquetear con la idea de que cualquier pequeña variable, podría alterar todo tipo de resultado esperado. En fin, la magia del día a día.
Podríamos pensar en el tiempo, como un camino con un punto de partida y un final. Pero con su libre albedrío de no viajar en forma lineal. Podríamos pensarlo como una especie de espiral. Así como los planetas de nuestra galaxia viajan alrededor del sol. Un punto central de partida, del que según la época el año, solemos acercarnos o alejarnos.
Lo mismo pasa con la historia, con la música, la moda, los hechos socioculturales e incluso con las personas. Somos lo que hemos leído, lo que hemos escuchado, lo que hemos visto. En otras palabras, lo que hemos transitado. Cada una de nuestras experiencias, deja una pequeña marca en nuestro tiempo. Crea patrones de conducta y comportamiento, dándonos las variables necesarias para afrontar cada etapa de nuestra vida.
Un pequeño conjunto de recuerdos que nos trasladan una y otra vez del pasado, al futuro y nos ubican en el presente. Crean cada una de nuestras facetas, alimentando nuestro instinto de supervivencia. Pero seamos conscientes o no, siempre confluyen en un centro.
El capricho del tiempo busca mantenernos en una espiral de sucesos repetitivos. Eventos diferentes, pero que, sin una aparente similitud, se relacionan. Algunas personas hablan del tiempo como tres universos diferentes. Pasado, presente y futuro. Otras, teorizan que estos tres universos existen de manera conjunta y que tienen espacio en el mismo momento.
Podríamos conversar horas de forma metafísica y filosófica sobre el tema. Al fin y al cabo, somos tan libres de interpretarlo como así también de vivirlo. Pero si, en algo podríamos coincidir. Es que al paso del tiempo no podremos detenerlo, ¿O sí?
En 1839, la humanidad observa atónita por primera vez en la historia la forma de congelar el tiempo. “Daguerrotipo” lo llamaron. Algo tan novedoso y tecnológico, que permitió conservar una fracción de éste a través de la reacción de químicos al contacto con la luz. Dándoles como resultado una imagen que testimoniaba la realidad de la época. Pero esto es sólo un simple ejemplo.
Testimonios encontraremos también cada vez que se hable de moda y estilo. Épocas de oro, vestidas en finos paños que acompañan al diseño y lujo de cada momento que supo marcar la historia. Diferentes puntos de referencia para aquellos sucesores que buscan la constante innovación, el grito desahogado de expresar; “acá estamos, esto somos”. Entregados al vaivén del tiempo y reutilizando cada uno de sus centros, de su esencia, es capaz de transportarnos a recuerdos preciados tan solo con arrojarnos a la cara una combinación de colores, un juego de texturas o la reutilización de otros estilos.
Los ciclos son aquellos eventos que transitamos una y otra vez en la vida. Rememorando situaciones vividas. Un pequeño lugar que hacemos propio y utilizamos de refugio para afrontar el inicio de un nuevo ciclo. Permanecemos en constante desarrollo, porque sin éste la vida no tendría ningún sentido. ¿Pero que ocurre con las pausas? ¿Qué sucede cuando dejamos de lado por un momento al universo y su inexorable marcha? Podríamos decir que hemos encontrado nuestro propio lugar. Ese sitio en donde el tiempo pierde su poder. En donde podemos analizar cada variable de esta vorágine que llamamos vida, y definitivamente intentar alterar su resultado.
Así es. Encontrar un lugar en donde renacer. Encontrar un lugar donde volver a comenzar. Encontrar el lugar y el espacio en donde esa mariposa comienza a aletear.


Editorial: Revista Quantum´s
Fotografía, dirección, concepto y producción: Valentin Roggerone  
Estilismo, producción y modelo: Carola Sottano 
Diseñadora de bolsos: Valeria Sol Dimarco 

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